HUMBERTO POBLETE-BUSTAMANTE / 21.03 - 14.05 / 2015

 

HUMBERTO POBLETE-BUSTAMANTE / 21.03 - 14.05 / 2015

 

 

Ooo She does, yes She does!

 

Probablemente la diferencia entre abstracción y figuración, contemplada esta oposición ante una nueva estrategia defensiva de sus principales rasgos de reconocimiento, no vendría determinada por los dogmas estéticos inherentes y participativos en el discurrir poético y presencial de sus respectivos universos, pero sí por la relación y el compromiso que ambos territorios de diverso significado interpretativo mantienen con el Tiempo en tanto que "hacedor" (otro, invisible y paralelo al hacer del propio artista) de la construcción formal de la obra. Por descontado, ambas realidades (pues de "realidades" se trata) son "poéticas", y lo son a la manera que Barthes entendía el concepto de "poesía en arte": la búsqueda del sentido inalienable de las cosas. Ciertamente, las "cosas", los hechos, únicamente pueden ser "tiempo", pero mientras en la figuración éste se decora a sí mismo como identificatorio, relacional o histórico, en la abstracción opta por sumergirse en una emoción perceptiva carente de brújula alguna, asesinados los puntos cardinales que siempre son "lugar en la historia", a favor de una dimensión oceánica (que sin duda también es un "lugar", pero no reconocible: un "no-sitito") que reestructure la idea misma del "ver". Pero hay un punto donde abstracción y figuración sí se reconocen mutuamente, en un fugaz plano/contraplano, para "verse" ante una misma reflexión. Sería el que se establece por el común deseo de no dejar escapar, tal como Pavese magníficamente lo expuso en "El oficio de vivir" que "ningún pensamiento, por fugitivo, por inconfesable que sea, pasa por el mundo sin dejar huella".

 

En la muestra que actualmente presenta en Madrid Humberto Poblete-Bustamante (Santiago de Chile, 1966) en la Galeria Alegria, hay tantas huellas y rastros como pensamientos y reflexiones; visibles y significadas las primeras, invisibles y organizadores de sentido los segundos. Con el título de Ooo SHE DOES, YES SHE DOES!, el autor nos muestra unas obras pertenecientes a una serie de pinturas tituladas "Garden Paintings". Una realidad muy significativa al comentar la obra de un artista que se desconocía hasta la actual ocasión es que esta ignorancia te permite una cierta libertad "explicativa", o te sitúa en el territorio abierto de una especulación "libre", no deudora de anteriores referentes temporales, ni hipotecado por conocimientos previos tanto de obra como de biografía personal. El análisis realizado, entonces, te obliga a una consideración "en abismo" no tanto de la producción artística de la que se habla, como de tu propia posición ante lo observado. En definitiva, hay que asumir un cierto vértigo de tu propio pensamiento y escritura. O si se prefiere: re-inscribirte a ti mismo en la extraña cadencia temporal a la que te obliga la misma contemplación de las obras.

 

¿Realmente estamos tan seguros que lo que estamos contemplando son "únicamente" cuadros muy bien ejecutados, telas pintadas con una no escondida maestría resolutiva, manchas y franjas de colores optimistas estratégicamente situadas, abstracciones señalizadas por la audacia de una gestualidad que bien se puede calificar de "alegre y confiada"? Sin duda que el artista nos esconde algo, quizás no voluntariamente, y desde luego aún mucho menos está interesado en confundir al espectador con trampas "conceptuales", pero es la propia imaginería abstracta (tan sofisticadamente "europea", o histórico/vanguardista, y al mismo tiempo manteniendo una arrogante distancia con esos parámetros culturales) la que te lleva a sospechar de la existencia de un plus de misterio, de un refinado enigma añadido. Según nos vamos acercando a las pinturas (lo exigen y es recomendable hacerlo) parece que la abstracta "dimensión oceánica" a la que ya hemos hecho referencia se refugia y cede el paso a una consideración "figurativa" de esas telas manchadas. Aparecen entonces, y con gran sutileza, los signos y huellas del cuerpo del artista en movimiento, los rastros de una humanidad en el ejercicio de una creatividad que siempre es más costosa de lo que parece, los éxitos y fracasos de una gestualidad pictórica que no se conforma con ser únicamente "abstracta" pero tampoco desea ser "figurativa". Llegados a este punto podemos afirmar que las telas han sido, efectivamente, pintadas, pero no menos importante sería el afirmar que también han sido manipuladas, preparadas, "ultrajadas", manchadas o maculadas. Han sido, sin duda, vividas, pero no en el sentido que toda obra ha sido "experimentada" (no puede ser de otra manera) por su autor en el proceso de configuración de la misma, pero sí "vivida" como elemento constituyente en el proceso germinativo del trabajo, y ello es lo que el espectador interpretará como enigma y misterio, o como una cierta idea de inteligente y productiva clandestinidad artística.

 

Es indudable que la obra de Poblete-Bustamante es "Tiempo", pero no estaríamos equivocados si afirmamos que también es "Naturaleza" expandida, "land-art" pictórico, "earth-art" en una tela enmarcada en un bastidor. Al entrar en la galería el suelo cede ante nuestro peso, o lo que es lo mismo: se experimenta de golpe la gravedad de tu misma "fisicidad": el pavimento del espacio de exposición ha sido cubierto y mantenido con un césped natural. Sin duda que la naturaleza también "pinta". Podemos afirmar que en la obra de nuestro artista el Tiempo, tan esencial en la misma, es "europeo" -y las comillas son necesarias, insisto, por la elegante distancia que mantiene con el continente donde no ha nacido pero sí vive. Ahora bien, el tratamiento de la Naturaleza, no menos esencial que el Tiempo, sí es decididamente americano, chileno, y aquí no cabe entrecomillado alguno pues no se produce distancia o problemática alguna con esta realidad. Estoy convencido que la sabia unión de Tiempo y Naturaleza procedentes de realidades culturales y geográficas diferentes ha sido el principal detonante para interesarme (mucho) por la obra de este artista. Sí, Pavese llevaba mucha razón: nada pasa por el mundo sin dejar huella (y aquí es donde la obra de este creador se vuelve extrañamente "figurativa"). Por supuesto, el mejor arte está obligado a que persista la huella. En el Tiempo. En la Naturaleza.

 

Luis Francisco Pérez